El Club de Periodistas Gallegos en Madrid ha rendido homenaje al desaparecido Antonio D. Olano en la Casa de Galicia de Madrid. Le entregó a la familia la distinción “Maestro de periodistas”, que iba a recoger él mismo este mes de enero, y organizó una mesa redonda en torno a su figura.

Madrid, 23 de enero de 2013. – El Club de Periodistas Gallegos en Madrid entregó hoy a la familia del periodista gallego Antonio D. Olano la distinción que iba a recoger él mismo este mes de enero, la de “Maestro de periodistas”, que le fue concedida en vida pero entregada ya a título póstumo, tras su fallecimiento, el pasado 29 de diciembre en Madrid. Lo hizo en un acto de homenaje celebrado en la Casa de Galicia en Madrid –que visitaba con frecuencia el homenajeado-, en el que además de la entrega de la distinción, que recogió su hermana Pilar, se celebró una mesa redonda en torno a su figura en la que intervinieron el delegado de la Xunta de Galicia en Madrid y director de la Casa, José Ramón Ónega, los periodistas Alfredo Amestoy, Carlos G. Reigosa y Pilar Falcón, presidenta del Club, y el productor de televisión Alfonso Arteseros. Entre los asistentes al acto, que llenaron la sala principal de la Casa, había numerosos periodistas.

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“Antonio Olano fue una leyenda, una humanidad que escribía, una pasión por el entorno que le rodeaba en su vida pública y en su vida privada”, describió el delegado de la Xunta, José Ramón Ónega, para quien “el periodismo en los tiempos actuales es un arma muy poderosa, siempre lo fue”. “Antonio elevó el periodismo a los olimpos del glamour, de la gloria, de la pasión de la pluma”, afimó Ónega. El delegado de la Xunta también leyó una nota remitida por Elisa Fraga Iribarne y Carlos Robles Piquer explicando que no podían estar, como les habría gustado, en el homenaje a Olano.

“El Club ensalza hoy a uno de los suyos, a un socio extravagante y con muchos submundos”, resaltó la presidenta del Club de Periodistas Gallegos en Madrid, Pilar Falcón, quien recordó que Olano fue uno de los fundadores del Club y glosó la figura del personaje, del que afirmó que “siempre tiraba por la calle de enmedio, divirtiendo a unos y hurgando en la conciencia de otros, siempre cruzando las fronteras” y que “en la profesión se atrevía con todo”. Falcón también transmitió a los asistentes el saludo del anterior presidente del Club, Manuel Méndez, que no pudo asistir al acto.

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“Era un hombre lapidario, un hombre de frases y las frases le condenan”, dijo Alfredo Amestoy, sosteniendo que Olano era un gran mentiroso. Puso ejemplos de ellos recurriendo a algunas de las frases más conocidas del homenajeado. Por ejemplo: “Yo no prometo nada porque no cumplo la promesas”, para apostillar que las cumplía todas; “El pan como hermanos, la noticia como gitanos”, para explicar que él repartía noticias, que le sobraban y no podía abarcarlas todas, o “Yo no leo libros; cuando quiero leer uno, lo escribo”, para afirmar que era un gran lector, lo que corroboró su hermana.

Alfonso Arteseros descubrió para gran parte del público al Olano “rockero”, una faceta del versatil periodista que conoció en los últimos diez años, en los que desarrolló una gran amistad con el homenajeado. Recordó también que puso en contacto a Olano con el editor de su último libro, “El niño que bombardeó París”, e intervino en la presentación del mismo, consciente ya de que sería el último que publicase. Arteseros –periodista, historiador y documentalista- proyectó también en la Casa un reportaje audivisual de cinco minutos sobre Olano con intervenciones que tuvo en su programa, “España en la memoria”.

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Carlos Reigosa se refirió al último Antonio D. Olano, con el que estuvo el 10 de noviembre “en su casa, al pie de su cama, con un magnetófono de por medio”. “Aquel día se mostró una vez más como lo que era en realidad: un gran reportero de celebridades y un verdadero coleccionista de mitos, de los que acababa casi siempre por hacerse amigo”. Así, dijo, se explican sus relaciones, de proximidad y de amistad, con personajes como Pablo Picasso, Salvador Dalí, Orson Welles, Hemingway, Che Guevara, Jean Cocteau, Jean Cau, Luis Miguel Dominguín, Camilo José Cela, Julio Camba o Wenceslao Fernández Flórez. “Aquel día me entregó también su última novela, que acababa de ver la luz: ´El niño que bombardeó París´. Escribí un artículo sobre ella en ´La Voz de Galicia´, y el azar quiso que viese la luz en este diario el mismo día en que falleció. Me queda la satisfacción de que yo se la había leído antes por teléfono y él se había manifestado muy contento”, explicó.